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Noche de otoño
Era esta la noche más fría y triste que había vivido en mis 19 años de vida y no era exactamente porque numerosos relámpagos alumbraban mi habitación o porque el ruido de aquel viento anunciante de una gran tormenta llamaba a mi ventana; era por que la soledad y la nostalgia se apoderaban justo en esta noche de mí al recordar que en una noche tan fría y al parecer no tan triste como esta, yo sin imaginarlo estaba perdiendo a la persona que más había querido.
Empezaron
a caer las primeras gotas y nosotros de inmediato salimos camino a mi casa, con
una velocidad proporcional a la cantidad de goteras que caían en ese momento.
La
lluvia era muy fuerte y casi ni nos permitía ver por donde íbamos, los carros
nos mojaban al pasar y la tempestad parecía no cesar. Pero todo era tan
perfecto a su lado, me sentía tranquila, la lluvia que tanto me molestaba,
parecía no importar y según lo que podía observar él se sentía igual.
Continuamos
nuestro camino pues parecía que la lluvia estaba cesando, yo ansiosa por saber
que era lo que pasaba, caminaba casi por inercia sintiendo recorrer por mi
rostro innumerables gotas de lluvia e imaginaba lo bueno o lo malo que estaba
sucediendo. Para mi sorpresa, en medio de una calle solitaria, Pablo me abrazó
y me dio el beso, digo “el beso” porque no fue como los demás. No sabría como
explicarlo, me sentía como la lluvia se hacia protagonista de ese, nuestro
momento, las dudas y las ansias desaparecieron de inmediato, el tiempo se hizo
nulo y solo podía pensar en cada uno de los momentos juntos que en ese instante
pasaban por mi mente. Al terminar me miró y me entregó una carta,
condicionándome a leerla únicamente cuando estuviera sola en mi habitación. Yo
asentí y continuamos el camino rumbo a casa.
La noche
continuaba fría, oscura y la lluvia se empeñaba en acompañarme. Segundos
después de nuestra despedida empecé a leer la carta, hubiera preferido no
haberla recibido jamás, pues aparte de tener agradecimientos, algunos
recuerdos, decía que tenia que abandonarme, debía dejarme atrás pues debía irse
a vivir con su familia a París.
Mi
llanto no duró en aparecer y se combinaba entonces con la lluvia, esa que veía
caer desde mi balcón. Se me hacía imposible pensar cómo iba a hacerme eso, ¿era
acaso tan fácil para el dejarme sola?, ¿ por que no me había dicho antes?,
¿acaso no me iba a extrañar?, y así miles de dudas surgieron en mi mente.
Es justo
en esta noche llena de nostalgia, recuerdos y en la cual la lluvia ha sido mi
única compañera, en donde entiendo el valor de los momentos, en la cual
comprendo que las cosas solo ocurren una vez y por más que lo intentes nunca
volveré a sentir un amor tan intenso como el de aquellos días. Es ahora que sé
que sigo estando con él aunque esté lejos de mi vida.
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