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Un cielo pintado de azul en
el centro de la ciudad de Medellín
El 16 de abril de 2012 fue
un día soleado en la ciudad de Medellín.
Las ganas de salir adelante acompañaban
a las personas que desde muy temprano llegaban a sus trabajos cerca de La
Alpujarra.
Podíamos observar como
algunas personas caminaban con paso acelerado pues el tiempo no estaba a su
favor, otras caminaban casi por inercia y el aburrimiento y la preocupación se
percibían hasta a tres metros de distancia. En cambio, en el patio interior de
la antigua Estación del Ferrocarril de Antioquia veíamos como el ambiente se
tornaba diferente. Las personas que en este día frecuentaba el lugar eran, en
su mayoría, de edad adulta, las cuales se acercaban allí en busca de un buen
sitio para descansar, hablar, tomarse tal vez un café y lo más importante, recordar,
como es el caso de Jairo Gutiérrez, quien compartió con nosotros su experiencia
con el Ferrocarril de Antioquia cuando él era niño.
Mientras las horas
avanzaban, nosotros lo hacíamos de igual manera por el centro de nuestra
ciudad, nos acercábamos ya hacia el famoso “Guayaquil” frente al Parque de las
Luces. Allí pudimos observar como algunos de los edificios más antiguos de
Medellín, tras algunas reparaciones, aún se conservan y son utilizados por la
Alcaldía de la ciudad.
Seguíamos avanzando y
veíamos cada uno de los almacenes característicos de este lugar, razón por la
cual muchos de los habitantes de Medellín y de toda Antioquia se acercan al
centro de la ciudad para hacer compras, pues es en estos lugares en donde se
consiguen los precios más favorables del mercado. Desde sombrillas, celulares,
juguetes, esmaltes, zapatos, hasta vestidos para fiestas, este es el lugar
perfecto para encontrar todo lo que se necesita al precio más económico, como
lo aseguran los vendedores del sector.
Nuestro recorrido estaba por
terminar pues ese cielo azul que desde el inicio nos acompañaba ya se tornaba
un poco grisáceo. Decidimos culminar en el Salón Málaga, bar famoso en la
ciudad por su gran tradición y por ser “un santuario de la música” como las
personas que acuden al lugar se refieren.
Fue maravilloso pasar por
este lugar pues inmediatamente se llega a la entrada, sus olores, la música,
las fotografías que hay en el lugar, las personas que encuentras allí, en
conjunto todo lo que es el Salón Málaga, te transportan a la época en la que
vivieron tus abuelos.
Fue muy bueno ver como en
nuestra ciudad perduran, a través del tiempo, lugares como estos que recrean
épocas en las cuales nosotros no estuvimos presentes y como se aprovechan los recursos
y el lugar mismo para crear un ambiente de cultura en Medellín, implementando
algunos shows de danza y shows musicales, clases de tango y entre otras
actividades a las cuales están invitados toda clase de públicos.
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