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Una vida dibujada de sueños
Desde niños nos regocijamos
en los sueños, sueños que comienzan siendo inocentes y, para algunos, insignificantes.
Desde ese momento nuestra vida se bifurca, ahora comparamos la vida que tenemos
y la que quisiéramos tener, y es ahí donde está la magia de soñar. Empezamos a
crear nuestra propia realidad la cual puede contener elementos reales pero en
su gran mayoría tiene lo que está ausente, lo que deseamos e incluso aquello
que todavía no conocemos.
A medida que crecemos
nuestros sueños crecen con nosotros pues indudablemente se convierten en parte
esencial de nuestra existencia.
Esa realidad que desde niños
estábamos pensando, es ahora mucho más elaborada y un poco más realista, se
acopla más a lo que estamos viviendo en el momento y comenzamos a trabajar
tanto por esos sueños que desde niños hemos cultivados que llegamos al punto de
convertirlos en realidad.
Algunas personas al crecer,
afortunadamente, continúan con ese espíritu soñador que los acompañó desde
pequeños. En cambio otras, por el afán de vivir como lo dicta nuestra sociedad,
olvidan que son los sueños la base del éxito.
¿Qué sería de nuestras vidas
sin los sueños? Posiblemente el mundo en que vivimos ha olvidado enseñarnos desde
hace mucho tiempo un derecho que aún no ha sido declarado: el derecho a soñar.
Como afirma Eduardo Galeano
en su video El derecho al delirio: “… si no fuera por el derecho de soñar y por
las aguas que da de beber, los demás derechos se morirían de sed”. Nuestra vida
no sería la misma si no tuviéramos las emociones y las ilusiones que se crean a
través de los sueños. Sueños de ser profesionales, sueños de tener la casa que
siempre hemos querido, sueños de encontrar la persona que nos haga felices,
sueños de hacer lo que nos gusta, sueños de vivir, de ser libres, de viajar,
conocer, aprender…
Como dice Eduardo Galeano en
el video nombrado anteriormente, debemos darnos tiempo para delirar y arreglar
nuestro mundo.
A veces es bueno pensar en que esta vida tan
superficial que llevamos y este mundo lleno de cosas banales en el que vivimos
puedan cambiar… La clave está en que aprendamos a disfrutar el día a día,
aprendamos a disfrutar de la vida y no solo vivir por vivir. Es esto a lo que
se refiere Eduardo Galeano cuando afirma: “…El aire estará limpio de los
venenos de las máquinas y no tendrá más contaminación que la que emana de los
miedos humanas y de las humanas pasiones(…)La gente trabajará para vivir en vez
de vivir para trabajar…”
Soñamos con un mundo en el
que no haya injusticia, pobreza, discriminación, desigualdad, en el que como lo
plantea Eduardo Galeano, los niños de la calle no sean tratados como si fueran
basura porque no habrán niños de la calle ni los niños ricos serán tratados
como si fueran dinero pues en este mundo no habrán niños ricos. Y, por último,
se creará un nuevo mandamiento el cual dirá: amarás a la naturaleza de la cual
haces parte.
Los sueños contribuirán a
que podamos vivir cada noche como si fuera la última de nuestras vidas y cada
amanecer como si fuera el primero de nuestros días.
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